La endogamia tiene sus consecuencias…

En las series de televisión funciona de maravilla: todos se lían con todos y nunca pasa nada. Brandon Walsh no tuvo que abandonar Beverly Hills 90210 cuando dejó a Kelly, ni Chema se fue de Esperanza Sur cuando su idilio de un par de capítulos con Aída llegó a su fin. Claro que en la vida real las cosas no son tan fáciles, ni tan divertidas como nos las pintan…
Dejarlo con tu novi@ pero tener que seguir viéndole porque pertenece a tu grupo de amigos es un auténtico fastidio, sobretodo cuando estas en proceso de pasar página pero aún hay sentimientos de por medio. Lo peor llega el día en el que él/ella se presenta con nueva pareja, ahí comprendes definitivamente que ha dado carpetazo a lo vuestro y en lugar de pasar el último mes lamentándose por las esquinas como has hecho tú, se lo ha pasado en la cama con otr@, a quien encima ahora tiene que poner buena cuando lo único que te apetecería es partírsela.
Otro de los inconvenientes de la endogamia es que difícil guardar secretos, por muy reservado que quieras ser al final uno de los dos siempre termina yéndose de la lengua y la noticia de que la tienes pequeña, la chupas mal, o llevas un agujero en las bragas, termina expandiéndose como la pólvora. Recuerdo que en mi colegio mayor había una chica a la que apodaban la monja, porque mientras se corría siempre gritaba: ¡¡¡Oh Díos, Oh Díos mío!!!… Y se había tirado a medio colegio mayor, pese a que muchos ni siquiera eran creyentes.
Aunque sin duda la anécdota más divertida me la contaron el sábado pasado, cuando un amigo con el que años atrás había tenido un rollo de fin de semana y que más tarde terminaría liándose con mi amiga Gema, me confesó que iba tan borracho cuando se lió con ella que se quedó dormido mientras le hacía un cunnilingus. Gema nunca me lo había contado, pero sólo era cuestión de tiempo que yo y el resto de mis amigos acabáramos enterándonos y es que al final la endogamia, como las imprudencias, se paga, cada vez más…
Yo tuve una relación larga con un chico. Cuando lo dejamos nuestros grupos de amigos se habían unido y lo que al principio era fácil y cómodo se convirtió en un infierno. Cada vez que teníamos una discusión ambos peleabamos por ganarnos el favor del público (en este caso, nuestro grupo). Afortunadamente, el cariño pudo más y al final todo salió bien y ahora somos buenos colegas. Eso sí, hemos llegado a este estado porque nunca contamos intimidades, si no yo ahora también tendría algún que otro apodo…