O follamos todos o Laurita al río

Tengo por norma no permitir que otros tengan sexo en mi casa si no lo tengo yo también, podéis llamarme egoísta, envidiosa o ambas cosas a la vez, pero es una regla que suelo cumplir a rajatabla.
Este fin de semana me han honrado con su visita tres amigos, dos de ellos pareja, heterosexual para más señas. El sábado salimos juntos hasta altas horas de la madrugada, a la velada se unieron otras dos amigas y a la consiguiente ronda de bares le siguió la inevitable vuelta a casa.
Como le ocurrió a Jesús con los panes y los peces, los colegas se empezaron a multiplicar de una forma milagrosa y a la hora de irse a la cama en lugar de tres invitados tenía cinco.
Seguramente fue el exceso de alcohol, pero me sentía magnánima y dejé que la pareja de enamorados mancillara mi lecho durmiendo en mi habitación, con lo que sólo quedaban dos camas y un sofá para nosotros cuatro.
Yo estaba borracha y no quería irme a dormir, pero nadie me daba bola, a mis amigas les tocó compartir cama por exigencias del guión (bastante concesión fue ceder mi propia cama como para tener que maldormir en una ajena) y al único chico (desparejado) de la casa le tocó el sofá.
Mientras Luisi y Laurita discutían por la almohada, yo no podía quitarme de la cabeza la idea de que había un hombre sólo y desaprovechado al otro lado de la pared. En mi semiconsciencia etílica empecé a calibrar la posibilidad de un traslado, ¿y si traspasaba la puerta con todo mi morro y me metía en su sofá/cama?, ¿me rechazaría?, no tenía porqué, a fin de cuentas él era soltero y yo ejercía como anfitriona, hubiera sido muy desconsiderado echarme de mi propia casa…
Entonces reaccioné con la única neurona que me quedaba sobria, si me iba en ese momento perdería mi sitio y para cuando quisiera volver (estaba claro que dos no podíamos dormir toda la noche en el sofá) o Luisi o Laura estarían ocupando mi colchón, así que cerré los ojos, me olvidé del hombre que dormitaba a pocos metros y quedé sumida en un profundo sopor etílico, después de todo con el chuzo que llevábamos no habría sido un gran polvo, buena gana de desperdiciar horas de sueño, eso sí, para la siguiente haré caso al refranero español, que por algo dicen que es sabio, y no volveré a prestar mi cuarto.