Convención de chicos guapos

Últimamente cada vez que salgo de marcha parece que me haya equivocado de lugar y en vez de estar en una fiesta esté en una convención de feos. ¿Qué les pasa a los chicos en cuanto llegan a la treintena?, lo de la calvicie entiendo que es hereditario e irreversible, ¿pero por qué no hacen algo con sus barrigas?, ¿y por qué parece que siguen vistiéndoles sus madres?…
Algún macho ofendido replicará que las mujeres a partir de los 25 también empiezan a sufrir las consecuencias de la ley de la gravedad y algunas otras desgracias de la naturaleza, y no le faltará razón, sin embargo por regla general las mujeres se cuidan más y entre el maquillaje, el estilismo y la cirugía estética, que está a la orden del día, el porcentaje de guapas por metro cuadrado es claramente superior al de guapos.
Sin embargo este fin de semana he observado un fenómeno extraño que se aleja de esta regla: el número de hombres atractivos eran con mucho superior al de féminas potables, y algunos de ellos incluso rozaban la categoría de superhombres, de esos que sólo habitan en las portadas de las revistas y las salas de cine, por lo que muchas poníamos en duda su existencia real.
Me ocurrió el fin de semana pasado en otro país, al que había sido invitada por una amiga que se casaba, por primera vez en mi vida iba a una boda y quería tirarme a la mitad de los invitados. Desgraciadamente, como suele ocurrir casi siempre, los mejores estaban ya pillados, hasta ahí nada nuevo, lo sorprendente era que la mayoría de las novias, salvo alguna excepción, eran más bien feillas ¡qué mal repartido está el mundo! pensé.
Total que el hermano del novio, que tenía unos preciosos ojos azules y unas abdominales que eran acero pa los barcos, intentó liarnos con los pocos solteros disponibles que quedaban. Una especie de Hugh Grant a la holandesa se pegó a mi amiga, mientras que un rubio grandullón que se creía Cocodrilo Dundee empezó a contarme no sé que de nadar con tiburones y ir al Amazonas a ver anacondas.
Hubiera querido explicarle que no hacía falta que intentara impresionarme con sus historias de multiaventura, porque las únicas anacondas que me interesaba a mí ver eran las de los primos del novio, pero me pareció un poco mal educado así que le dije que me disculpara, que tenía que ir al baño y le perdí de vista.
Entonces entendí como debía sentirse Alfredo Landa entre tanta sueca tía buena con la que nunca llegaba a tener nada, para eso me hubiera quedado en España, donde hay muchos chicos del montón disponibles y los guapos comprometidos son mucho más facilones.
¡qué mal repartido está el mundo!