El síndrome de Madame Bovary

Madame Bovary me cayó mal desde la primera página, supuse que sería una cuestión generacional pero luego rechacé la idea porque Margarita Gaultier me cae mucho más simpática y apenas se llevan nueve años.
Bovary se aburre tanto en su día a día que se convence de que el gran amor de su vida es el primero que se la quiere llevar el huerto, ¿no me diréis que no es para partirse de risa? y yo misma lo haría, a carcajadas, si no fuera porque empiezo a notar que me ha subido la fiebre, tengo dificultad para concentrarme, se me ha quitado el apetito y apenas puedo dormir.
Y es que mi cuerpo tolera muy mal el amor, lo rechaza como a un virus y en consecuencia sufro todo tipo de males, por eso siempre intento cuidarme y al menor síntoma tomo precauciones antes de que la enfermedad merme mis facultades mentales y pueda lleguar a ser letal. Pero esta vez cupido me ha pillado con las defensas bajas, o quizá es que como le ocurre a Bovary mi día a día también anda escaso de emociones y se deja llevar por la primera promesa de aventura que se cruza por mi calle cuando va camino al huerto.
Es curioso pero a mí con las relaciones me pasa como a otros con las drogas, siempre creo que las puedes controlar, que puedo entrar y salir de una cama a otra con la misma facilidad que puedo cambiar de asiento en el metro o de estación de tren, hasta que un día descubro que lo que me he dejado olvidado entre las sábanas no son las bragas sino el corazón.
Lo normal es que tras un breve período de convalecencia se me pase, pero a veces en mi camino se cruza ese inmenso Mefistófeles de las margaritas errantes, de las clarisas perdidas y de todas aquellas divinidades hijas del azar que un día se pierden en la vida por el abandono de sus pasiones, y es que por más que me duela a veces creo que tras la tuberculosis de Margarita y el suicidio de Bovary yo soy la última romántica que sigue viva.
No nos engañemos, entre tu y yo ( y le hablo evidentemente al personaje que leo en este blog ) gran parte del problema es que seas tan ligera de cascos, por no decir “golfilla” que por cierto suena mucho mejor.
- Eso de que tu cuerpo tolera muy mal el amor… no te lo crees ni tu. Lo que pasa que evidentemente que tendrías que seguir tu consejo ese del gran amor “es el primero que se la quiere llevar el huerto”… y ser mucho más selectiva… pero emocionalmente que si no luego pasa lo que pasa.
Ay!
Jajajaja, no creas, yo en el fondo soy demasiado selectiva, sólo que mis criterios de selección no siempre son acertados, y lo de la intolerancia al amor es cierto, se me quitan las ganas de comer, sufro insomnio, me entran sudores fríos, me palpita aceleradamente el corazón y tengo dificultad para articular frases coherentes, vamos que más que amor yo sufro un proceso gripal. Besitos
Desde luego que sí que eres la última romántica que queda pues es la primera que encuentro.
Da gusto leer lo bien que escribes y lo que describes, con esa sensibilidad que solo tienen los que han amado alguna vez y ya casi no se acuerdan pero creen volver a reconocerlo en una caricia, en una música o en un pensamiento.
Besos, pero con sexo.
jajaja, chao
Gracias gatorojo! un besazo a ti también.