Historias de groupies

La erótica del escenario es muy poderosa, sólo así se explica que alguien tan feo como Marc Anthony se haya podido casar con un pibón como Jennifer López.
El otro día lo pensaba mientras veía a Jamiroquai actuar en el Rock in Rio, estaba tremendo con la chaqueta del chandal y el gorro de lana, al más puro estilo Rocky (es que los boxeadores también tienen su morbo, pero de eso mejor os hablo en otro post). Total que recordé mi época de grupie, si es que se puede llamar así y que consistía básicamente en enrollarme sólo con chicos que fueran capaces de tocar algún instrumento musical, mejor si además tenían el pelo largo y iban por la vida en plan pasota (es que eran los tiempos del grunge y lo de la rebeldía ya había pasado de moda).
Mis amigas y yo estábamos coladas por un grupo de chicos un año mayor que nosotras (por entonces no tendríamos más de dieciseis) y por fin un sábado por la tarde nos invitaron a su local a verles ensayar. La jornada transcurría sin sobresaltos, nos pasábamos el calimocho, bebíamos porros, hablábamos de Smashing Pumpkins y yo fingía que me encantaba Pearl Jam, vamos las típicas chorradas que hacíamos los adolescentes de antes, cuando todavía no se había inventado el youtube y hacer botellón aun era legal. Hasta que alguien encontró una baraja de cartas y sugirió que echáramos una partida al strip poker.
Yo no sé muy porqué acepté, en realidad no se me da nada bien tirarme faroles, pero medio en broma medio en serio comenzamos a jugar y antes de que quisiéramos darnos cuenta ya había alguien que se había quedado en bolas, entonces mi amiga Mati y yo (éramos ocho y jugábamos por parejas, a mí me tocó con ella) nos empezamos a alarmar: ¡ninguna se había depilado las piernas!
Al final perdimos todo menos las botas (siempre hay que conservar un mínimos de dignidad), pero nadie se lío con nadie (al menos no aquella noche), nos volvimos a vestir, apuramos el calimocho y nos largamos a las doce, porque cual Cenicientas aquella hora era nuestro toque de queda.
La cosa no habría pasado de ser una anécdota más, si no fuera porque el lunes siguiente el padre de mi amiga Mati, que era policía, la reunió a ella y a su hermana y les preguntó muy serio cuál de las dos se había quedado en pelotas el finde anterior en el local de una galeria comercial.
Lo primero que hizo Mati fue negarlo todo indignada, pero según le dijo su padre de nada le serviría mentir, todo estaba grabado por las cámaras de seguridad y tenía el video en la comisaría, aunque prefería no verlo. Un policía había reconocido a mi amiga, pero no sabía su nombre, de ahí que el padre no supiera cuál de sus dos hijas era la más díscola.
Total que Mati lo confesó todo y nuestro toque de queda se adelanto una hora como castigo, lo peor no fue eso, lo peor fue aguantar la charla de mi madre sobre educación sexual con especial hincapie en los peligros del sexo, algo que por otra parte se podría haber ahorrado, teniendo en cuenta que estas últimas no entraban en mis planes inmediatos. Con todo y con eso la peor parte se la llevó Mati, además de aguantar estoicamente el chaparrón en casa tuvo que ver cómo el bajista del grupo, que era el chico que a ella le molaba, se enrollaba el fin de semana siguiente con mi prima.
La historia del video siempre me sonó a ciencia ficción, pero a día de hoy sigo sin saber cómo se pudieron enterar de aquello, yo por si acaso siempre que tengo que ir a la comisaría a renovarme el DNI voy con gafas de sol y la cabeza agachada, no vaya a ser que alguien me reconozca como la groupi del stip poker que nunca se quitaba las botas…