El cordel y el gato
Hace cosa de un mes quedé a cenar con el director de una empresa con la que colaboro. Siempre me había parecido atractivo pero sabía que tenía pareja así que la cosa nunca había pasado del trato formal y algún leve tonteo bastante sutil.
Sin embargo hace unos meses rompió con su novia y para mi sorpresa me invito a salir, al principio no lo tuve muy claro (es bastante mayor que yo, acababa de salir de una relación larga, le tenía que ver por trabajo a menudo…), pero después me dije a mí misma que por ir a cenar y tomar una copa no perdía nada.
Quedamos un jueves por la noche y aunque pensé que la situación sería más tensa (nunca nos habíamos visto fuera del trabajo y me daba mucho corte), en cuanto nos sentamos a cenar todo fue muy distendido y me lo pasé muy bien. Pagó la cuenta, así que me ofrecí a invitarle yo a la copa, pero un día de diario a las doce y media de la noche por esa zona, no encontramos nada abierto que mereciera la pena.
¿Y por qué no vamos a tu casa y me invitas allí a la copa?, me lo soltó así, con la mayor naturalidad del mundo y yo me quedé de piedra, ¿si le dejaba que subiera daría por hecho que quería algo más?, ¿quería yo algo más en esa primera cita?, ¿qué haría si se lanzaba?… Me asaltaban muchas preguntas y no tenía clara la respuesta, pero acepté su autoinvitación y le ofrecí subir.
Nos servimos una copa, nos sentamos en el sofá y seguimos charlando, yo notaba que entre el vino y el ron estaba poniéndome cada vez más borracha, como estaba algo nerviosa no paraba de hablar (supongo que no quería que hubiera silencios por si aprovechaba uno de ellos para besarme), llevábamos como una hora cuando me di cuenta que su copa estaba ya vacía, iba a ofrecerle otra cuando me dijo: creo que me voy a ir, pareces algo cansada y mañana hay que madrugar...
¿Yo cansada?, sólo estaba algo borracha, me quedé de nuevo bloqueada ante el giro inesperado de la situación y sólo acerté a asentir, recogió su chaqueta, me dio dos besos en la mejilla como despedida y se largó.
Lo primero que pensé es que era un profesional, lo había hecho para tantear la situación, hubira sido algo violento si intenta algo y le rechazo pero ahora si volviéramos a quedar y le invitaba a subir ya sabría que yo estaba dispuesta a algo más. O quizá le daba corte porque hasta ahora sólo habíamos tenido trato trabajando, o lo que era peor aún, le había aburrido a muerte y había huido espantado…
La verdad es que en ese momento agradecí que la cosa hubiera terminado así, ya habría oportunidad de ir más allá en una segunda cita ¿pero habría segunda cita?, pasó un día, dos días, tres días y no me llamó. De pronto me moría de ganas por volver a verlo, tenía que saber por qué se había ido de mi casa tan rápido, ahora sí que me apetecía liarme con él, es más me estaba empezando a obsesionar la idea.
Entonces recordé la teoría del cordel y el gato: si le muestras un cordel a un gato se volverá loco intentando cogerlo, pero si se lo dejas en el suelo, a su alcance, no le hará ningún caso. Por desgracia a veces las mujeres también somos así, ignoramos lo que tenemos a nuestro alcance y vamos a por lo que resulta difícil de conseguir.
Ahora era una cuestión personal, tenía que verle de nuevo, pero a medida que pasaba el tiempo sabía que tendría que ser yo quien diera el siguiente paso…

Buenta teoría la del cordel y el gato. Yo a veces en situaciones así me bloqueo y si no es el otro el que se lanza yo no me lanzo, no sé que me pasa, me se insinuar bien, pero a la hora de atacar no me siento seguro y prefiero no arriesgarme. Aunque esta teoría que explicas es buena, pero igual él también se sentía inseguro, a veces, a los hombres aunque sepamos lo que queremos, nos pasa, nos asalta la inseguridad.
Bueno menudo rollo he soltado.
Besos
Miranda, me alegro que hayas vuelto
Qué gran teoría!
Es un tema que daría para escribir libros, pero con ese símil, está todo dicho. Eres un crack!
me ha encantado tu teoria del cordel y el gato, me da mucho que pensar.
¿eres gata?
un beso de un cordel a un gato
Señorita Miranda una cuestión de vida o muerte…
¿Es normal que en mi primer cita? Bueno primera para relación sexual, ya habiamos tenidos otra para cenar, sufra yo un GATILLAZO? ¿Será por mi edad?
Aunque luego pude rematar la faena…
JA JA JA
Gracias Clip, otro beso para ti!
Juan ya te he dicho muchas veces que dejes los porros que luego pasan esas cosas!
Gran relato, narrado con elegancia y muy buena prosa, la teoría del gato te ha quedado genial, minina.
un gran saludo y felicidades por el blog.
Sinceramente, la explicación más sencilla (que suele ser la verdadera, según la navaja de Ockham) que encuentro es: te sugirió ir a tu casa a tomar la copa con una segunda intención (como suelen ser este tipo de sugerencias), al ver que aceptabas consideró que asumías la segunda intención, pero luego, tras una hora hablando sin parar (percibiría también tu nerviosismo) con la copa en la mano, pensó: “Pues no, no mojo. Mejor me voy y mañana será otro día”.
Mi teoría (bastante general, por cierto) es que si un tío te dice: “¿Por qué no vamos a tu casa y me invitas allí a la copa?”, te está diciendo: “¿Por qué no echamos un polvo?”. Así que si tú le respondes que sí, estás afirmando las dos sugerencias, la de la copa (pretexto) y la del polvo (real, pero tácita). A mí no me gusta esa pregunta, y menos en la primera cita. Si un tío a las primeras de cambio me dice: “¿Por qué no vamos a tu casa y me invitas allí a una copa?” lo mando a tomar por donde amargan los pepinos. Eso sí, con la misma sutileza con la que él me propone follar.
El hecho de que no te diga nada avala mi teoría, pues, para qué va a proponerte otra cita si ya le has rechazado. Así que si quieres quedar con él tendrás que decírselo tú. Quizá acepte (pero esperará de nuevo lo que no obtuvo en la primera cita: pensará que lo has meditado llegando a la grata conclusión de que ahora sí estás dispuesta) o quizá no (con el planchazo en esa primera cita has herido su amor propio).
Ay qué ver lo que puede llegar a divagar una a las doce y cuarto de la noche. Ójala pudiera ser tan objetiva con las cosas que me suceden a mí. Pero es verdad que desde dentro todo se ve extrañamente distinto. Y extrañamente confuso a veces.
Besinhos from Anita B.
Anita B, no sé quién eres (o igual sí, y no te reconozco por el nick) pero has dado 100% en el clavo.
No, no sabes quién soy. Entré por primera vez cuando dejé el primer comentario.
Besinhos from Anita B.