Octubre10

Hace cosa de un mes quedé a cenar con el director de una empresa con la que colaboro. Siempre me había parecido atractivo pero sabía que tenía pareja así que la cosa nunca había pasado del trato formal y algún leve tonteo bastante sutil.
Sin embargo hace unos meses rompió con su novia y para mi sorpresa me invito a salir, al principio no lo tuve muy claro (es bastante mayor que yo, acababa de salir de una relación larga, le tenía que ver por trabajo a menudo…), pero después me dije a mí misma que por ir a cenar y tomar una copa no perdía nada.
Quedamos un jueves por la noche y aunque pensé que la situación sería más tensa (nunca nos habíamos visto fuera del trabajo y me daba mucho corte), en cuanto nos sentamos a cenar todo fue muy distendido y me lo pasé muy bien. Pagó la cuenta, así que me ofrecí a invitarle yo a la copa, pero un día de diario a las doce y media de la noche por esa zona, no encontramos nada abierto que mereciera la pena.
¿Y por qué no vamos a tu casa y me invitas allí a la copa?, me lo soltó así, con la mayor naturalidad del mundo y yo me quedé de piedra, ¿si le dejaba que subiera daría por hecho que quería algo más?, ¿quería yo algo más en esa primera cita?, ¿qué haría si se lanzaba?… Me asaltaban muchas preguntas y no tenía clara la respuesta, pero acepté su autoinvitación y le ofrecí subir.
Nos servimos una copa, nos sentamos en el sofá y seguimos charlando, yo notaba que entre el vino y el ron estaba poniéndome cada vez más borracha, como estaba algo nerviosa no paraba de hablar (supongo que no quería que hubiera silencios por si aprovechaba uno de ellos para besarme), llevábamos como una hora cuando me di cuenta que su copa estaba ya vacía, iba a ofrecerle otra cuando me dijo: creo que me voy a ir, pareces algo cansada y mañana hay que madrugar...
¿Yo cansada?, sólo estaba algo borracha, me quedé de nuevo bloqueada ante el giro inesperado de la situación y sólo acerté a asentir, recogió su chaqueta, me dio dos besos en la mejilla como despedida y se largó.
Lo primero que pensé es que era un profesional, lo había hecho para tantear la situación, hubira sido algo violento si intenta algo y le rechazo pero ahora si volviéramos a quedar y le invitaba a subir ya sabría que yo estaba dispuesta a algo más. O quizá le daba corte porque hasta ahora sólo habíamos tenido trato trabajando, o lo que era peor aún, le había aburrido a muerte y había huido espantado…
La verdad es que en ese momento agradecí que la cosa hubiera terminado así, ya habría oportunidad de ir más allá en una segunda cita ¿pero habría segunda cita?, pasó un día, dos días, tres días y no me llamó. De pronto me moría de ganas por volver a verlo, tenía que saber por qué se había ido de mi casa tan rápido, ahora sí que me apetecía liarme con él, es más me estaba empezando a obsesionar la idea.
Entonces recordé la teoría del cordel y el gato: si le muestras un cordel a un gato se volverá loco intentando cogerlo, pero si se lo dejas en el suelo, a su alcance, no le hará ningún caso. Por desgracia a veces las mujeres también somos así, ignoramos lo que tenemos a nuestro alcance y vamos a por lo que resulta difícil de conseguir.
Ahora era una cuestión personal, tenía que verle de nuevo, pero a medida que pasaba el tiempo sabía que tendría que ser yo quien diera el siguiente paso…