Zitame

El diario intimo de Miranda

Hay gente que lo quiere todo

Octubre16

Ya os he hablado en otros posts de mi amiga Sandra y su chico Badoo, que parecía un príncipe azul y resultó ser una rana, pues bien, ella, calada hasta los huesos y más enajenada que enamorada, le dio su enésima oportunidad a la vuelta del verano pensando que los calores de agosto le habrían servido para templar el ánimo y estaría dispuesto a volver al redil, lo que no sabía Sandra es que la cabra siempre tira al monte…

Tras una ídilica noche de pasión, cuando todo parecía por fin marchar, Sandra recibió una llamada inesperada:

- Hola Sandra, soy X, me podrías explicar qué relación tienes con Y (entiéndase “el chico Badoo”)
- Es mi novio desde febrero -contestó ella, sorprendida
- Pues entonces tenemos un problema, porque también es mi novio desde hace año y medio

Así mi amiga fue poco a poco descubriendo todas las mentiras en las que se había basado su ídilica relación: si el lunes quedaba con X le decía a Sandra que tenía una cena familiar, si pasaba el fin de semana con ella era a X a quien le decía que se marchaba fuera con unos amigos, lo tenía todo tan bien plaenado que incluso le había propuesto a X que se mudara a vivir con él, mientras que a Sandra le decía que pensaba alquilar su piso para trasladarse al de ella, ¿la excusa para poder compaginarlo?, que le habían ofrecido un puesto de comercial en el trabajo y ahora tendría que viajar más a menudo.

La conclusión a la que llego con todo esto es que hay gente que ha nacido para la poligamia, no se conforman con una simple infidelidad, lo suyo son las relaciones largas. Otra amiga del gimnasio me confesaba hace unos días que estaba engañando a su novio con un compañero del trabajo. El chico, que también tenía pareja, se estaba enamorando y quería dejar a su novia para poder salir con ella, pero mi amiga no lo tenía claro, después de todo desde que estaba con el nuevo le iba mejor que nunca con su novio ¿por qué iban a cortar?, poligamia o tener mucho morro, según como se mire…

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Trabajos de espionaje

Abril22

Hace un tiempo os hablé de mi amiga Sandra que se había enganchado al Badoo para ver si encontraba pareja, pues bien, parecía que por fin tantas horas frente al ordenador habían dado sus frutos, Sandra salía con un chico simpático, de buen ver y lo que es más importante de carne y hueso.

El chico, también aficionado al Badoo, le prometió que se borraría de la página puesto que si ahora estaban juntos ya no tenía necesidad de hablar con ninguna otra. Sandra le creyó y durante un tiempo vivió feliz en su ignorancia en lo que parecía el principio de una larga relación.

Pero la curiosidad, que dicen que mató al gato, hizo que Sandra se volviera a meter en Badoo para comprobar si de verdad su chico había dejado el ciberligoteo, como le juraba y perjuraba a ella. Cual fue su sorpresa al descubrir que no sólo seguía dado de alta, sino que se había conectado un par de horas antes y continuaba a la caza y captura de nuevas incautas con las que deshojar la margarita.

Sandra tuvo que moderse la lengua en su siguiente cita, mientras él, sin venir a cuento, volvía a decirle la suerte que tenía por haberla encontrado y como desde que estaba con ella había borrado de su disco duro el rastro de cualquier otra mujer. Sandra no pudo callarse más y se lo soltó todo, él negó lo innegable y al final ella optó por mandarle a paseo porque para una mujer perder la confianza en una relación es como para un hombre perder la líbido.

Sin embargo el ciberpríncipe azul había calado hondo en el corazoncito de Sandra y por ese afán autodestructivo que a veces tenemos, me ha pedido que me abra una cuenta falsa en la web para ligar con él y sacarle información. Yo le he dicho que eso era una forma absurda de hacerse daño, pero como ha insistido tanto al final he accedido.

Así que en esas estoy de experimiento sociológico, con un nombre ficticio y las fotos de una morezada de ojos verdes que encontré por internet, la verdad es que aunque no pensé que con semejante perfil la gente colara tengo la bandeja de entrada llena de mensajes, algunos desternillantes. En los próximos días os iré contando todo lo que averigue del ex de mi amiga y del resto de tipos que pululan por allí…

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Arrieros somos…

Enero4

Supongo que es cosa de la Navidad, que la gente se siente más sola o que con la llegada del año nuevo se echa la vista atrás para hacer balance, o a lo mejor ha sido sólo casualidad pero el caso es que todos los chicos con los que he tenido algo los últimos doce meses han vuelto a reaparecer estos días, incluso los que llevaban tiempo perdidos.

El fin de semana pasado me volví a encontrar con el que en verano me sustituyó por otra, por supuesto su amor de verano se fue con el otoño y a estas alturas del invierno ya era historia. Me acerqué a saludarle porque la educación no hay que perderla ante nada y luego volví con mis amigos a seguir bailando.

Una servidora, que aunque nunca aprenda de sus errores ya tiene cierta experiencia en estos temas, supo enseguida que la cosa no quedaría así y que a lo largo de la noche volvería a tener noticias suyas, así fue.

A eso de las seis de la mañana cuando ya me marchaba a casa recibí un mensaje en el móvil, me preguntaba si quería que nos viéramos para retomar lo que dejamos a medias y se disculpaba diciendo que en verano había estado un poco ocupado. La verdad es que llevaba mucho tiempo esperando ese momento, sabía que me brindaba una oportunidad única y aunque ya apenas tenía interés por aquel chico no podía desperdiciarla, así que le di a responder: Sí que estabas ocupado en verano sí, pero ya sabes lo que dicen, días de mucho vísperas de nada. Otra vez será. Besos.

Me contestó al día siguiente diciendo que el refranero español era muy sabio.

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Celos retrospectivos

Diciembre16

Lo malo de las historias inconclusas es que siempre vuelven en el momento menos pensado, para recordarte que la herida sigue sin cicatrizar del todo. Hoy, cuando mi amiga Lara me ha dicho que había vuelto a ver a Jota no he podido evitar sentir algo de nostalgia…

La última vez que yo le vi fue hace seis años, siempre quedábamos en una casa que le prestaba su mejor amigo, por entonces yo aún vivía con mis padres y él alegaba que su piso era compartido y apenas tenía intimidad, pero supongo que sólo era una excusa para que no supiera donde vivía, Jota siempre jugaba al despiste conmigo.

Teníamos un extraño protocolo marcado, las llaves de la puerta estaban bajo una maceta del porche, yo tenía que entrar sin llamar y una vez en la casa nunca sabía lo que me esperaba. A veces tenía deseos caprichosos y me pedía que no me pusiera nada bajo el vestido, yo me quitaba la ropa interior en el coche, antes de entrar, no me atrevía a salir sin ella por si acaso me paraba la policía en el camino o sufría algún otro percance, después, cuando volvía al coche con las bragas en el bolso, me sentía estúpida por obedecerle en todo, pero no podía evitar volver una y otra vez siempre que él me llamaba.

Otra de sus fantasías favoritas era bañarme, me desnudaba él mismo con premeditada parsimonia, me enjabonaba con sus propias manos y luego enjuagaba la espuma alternando el agua fría con la caliente hasta que lograba ponerme la piel de gallina, me volvía loca cuando hacía aquello, él lo sabía y jugaba conmigo hasta el punto de que en alguna ocasión, después de secarme con el mismo esmero, me pedía que me vistiera y me despedía sin ni siquiera hacer el amor.

Aquello duró de forma intermitente casi dos años, sólo muy de vez en cuando nos veíamos fuera de aquella casa prestada, me di cuenta de que jamás dejaría que le conociera del todo porque lo más probable era que ocultara algo. Yo solía bromear diciendo que nuestra historia era como El último tango en Paris, aunque sin mantequilla de por medio, pero la verdad es que ser Maria Schneider cada vez me hacía menos gracia.

Dejar a Jota fue una de las cosas que más me ha costado hacer y eso que no teníamos amigos en común, ni compartíamos aficiones y ni siquiera había una canción que me recordara a él porque nunca fuimos una pareja, pero hoy, cuando Lara me ha mencionado que lo vio de pasada en un bar del centro se me ha empezado a acelerar el pulso y hasta me ha temblado la voz. Estaba tomando café con una chica, me ha dicho sin darle importancia y no he podido evitar sentir celos, unos celos estúpidos que llegan a deshora, porque es evidente que siempre hubo otra chica que no era yo.

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Raro, raro, raro…

Diciembre13

Mi amiga Laura se ha colado por un tipo cuanto menos peculiar (entiéndase peculiar como un eufemismo para evitar un término malsonante). Le conoció por internet, en una web que por lo visto es un filón para ligar según todas mis fuentes, aunque yo por el momento soy rehacia a las cibercitas y prefiero métodos más tradicionales para conocer gente.

El caso es que aunque se encontraron en Badoo, por una de estas casualidades de la vida tenían una amiga común: Tania, de la que ya os he hablado en alguna otra ocasión. Él le propuso quedar una tarde para conocerse en persona y mi amiga Laura aceptó.

En apariencia era un chico educado, guapo y simpático con el que pasó un rato agradable, no ocurrió nada entre ellos, ni siquiera un simple beso, pero intercambiaron teléfonos y él volvió a llamarla dos días después para quedar a cenar.

A Laura empezaba a gustarle el chico, además no parecía querer sólo sexo como la mayoría de hombres que había conocido por internet así que ella misma le propuso quedar de nuevo la semana siguiente después del trabajo. Él tenía que pasar a buscarla por su casa a las diez, le haría una llamada perdida al móvil y ella bajaría a la calle, pero mi amiga estuvo esperando hasta casi las once y él no dio señales de vida, se dispuso a llamarle y entonces comprobó consternada que su móvil estaba apagado, intentó reanimarlo sin éxito, le conectó el cargador pensando que sería cosa de la batería pero tampoco dio resultado, al final a las once y cuarto consiguió llamarle tras cambiar la tarjeta a su móvil antiguo. Él, cansado de esperar, ya se había ido a su casa, ella se disculpó varias veces pero no pudo evitar pensar que la historia del móvil sonaba a excusa…

Laura le llamó dos días después pero él no contestó a su llamada, lo intentó de nuevo durante toda la semana hasta que al final él se digno a responder, fue bastante seco y prepotente pero aun así Laura no se lo tomó demasiado en cuenta, después de todo creía que tenía que expiar su culpa por haberle dejado plantado aquella noche, así que le invitó a cenar el domingo en su casa. Él aceptó, cenaron, charlaron un rato, vieron una película juntos y después… Él se fue a su casa sin más, ni siquiera le dio un beso de despedida.

Yo le dije lo que pensaba, que un hombre que no intenta nada tras cuatro citas es cuanto menos rarito y que lo más probable es que escondiera algo. Tania corroboró mi teoría cuando nos contó que con otras amigas suyas también había estado tonteando en el pasado pero nunca había llegado a nada con ninguna, en una ocasión incluso le había dado un masaje en la espalda a una de ellas y cuando está se giró para besarle él se apartó y le preguntó qué hacía, la otra se quedó estupefacta.

Pese a todo parece que a Laura le gusta, aunque él sigue comportándose como si fuera bipolar y tan pronto le manda un mensaje como la ignora en el messenger sin motivo aparente, yo le he dicho que no pierda el tiempo pero ya se sabe que los consejos están para no seguirlos, a mí, la verdad, todo esto me parece de lo más raro ¿alguna vez habéis conocido un caso similar?…

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Los hombres también fingen

Noviembre23

Me lo confesó ayer mi amiga Luisi y todavía no he terminado de asimilarlo. Creía que la cama era el único lugar donde los hombres no mentían, donde todavía eran honestos, pero una vez más la realidad me ha lanzado su verdad a la cara y yo todavía no salgo de mi estupefacción: resulta que los hombres también fingen orgasmos.

Como no terminaba de fiarme de la palabra de Luisi busqué mis propias fuentes por internet, pregunté en un foro donde normalmente posteo y para mi sorpresa varios internautas confesaron con naturalidad que fingir orgasmos es una práctica más común de lo que pensamos, eso sí, casi todos se excusaron alegando que sólo recurrían a ella tras varios polvos, cuando ya era imposible correrse una vez más o en todo caso cuando el exceso de alcohol les impedía concluir la faena.

Esto viene a confirmar de nuevo mi teoría de que hombres y mujeres no somos tan dispares, pero también esa otra que afirma que siempre que emulamos al sexo opuesto es para adoptar alguna de sus malas costumbres.

El príncipe y la rana

Septiembre7

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No sé por qué, hoy he vuelto a soñar con R después de mucho tiempo. Bueno en realidad sí sé porqué, ayer volví a ver Amores Perros y me trajo a la memoria un montón de recuerdos de México.

Allí fue donde le conocí, me quedé colgada de su sonrisa desde la primera vez que me crucé con él en la cafetería de la escuela, desde entonces sólo podía pensar en besarle, pero la primera semana dejé escapar la oportunidad o mejor dicho se me escapó de la forma más tonta posible, sabía que el tiempo jugaba en mi contra así que el siguiente fin de semana decidí ir a por todas.

La noche no pudo empezar peor, cuando me estaba duchando para ir a una fiesta me encontré de frente con una rana enorme que me miraba desde el otro lado del baño, salí a toda prisa en dirección al bar poniéndome la ropa por el camino, aunque sabía que tarde o temprano tendía que enfrentarme con aquel dichoso anfibio cara a cara.

En la fiesta las cosas no parecían ir mejor, nada más llegar él se puso a hablar con otra y ni siquiera me miró, tras varios intentos fallidos de acercamiento y cuando ya estaba a punto de tirar la toalla, nos volvimos a cruzar.

Esta vez no iba a dejar que se escapara, me acordé del cuento de la rana y el príncipe y con la excusa de ayudarme a deshacerme de la mía me lo llevé hasta la habitación para besarle. Fue una de esas noches perfectas que nunca olvidas: nos bañamos desnudos con la luna iluminado el agua, compartimos una botella de ron y el amanecer nos pilló en la cama escuchando música.

Al día siguiente yo me iba, prometió encontrarse conmigo tres días después en una playa a 200 km de la escuela, pero de algún modo yo intuía que aquella era una distancia insalvable. Le dejé leyendo en una mesa de la cafetería y en ese momento supe que no le volvería a ver, así que regresé para darle un último beso.

Le estuve esperando en aquella playa hasta que llegó la hora de irnos, le dejé una nota en recepción pero sospecho nunca llegó a sus manos. Después me volví a España y supongo que el también se volvió a su país cuando ya nada le ataba a México.

He besado a muchas ranas desde entonces y supongo que por su vida también habrá pasado mucha gente, tanta que a lo mejor ya ni siquiera recuerda mi nombre, pero yo no me he olvidado del suyo y ayer, después del cine, me puse a teclearlo en google. Descubrí que sigue vivo en otro hemisferio y según parece las cosas le van bien. Me pregunto si alguna vez nos volveremos a encontrar, que lástima que esa clase de casualidades sólo pasen en las películas de Medém y en los cuentos de hadas…

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Condones de sabores

Agosto31

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El otro día mi tía me invitó a comer a su casa, cometimos el error de comer con la televisión puesta y cuando estábamos en los postres echaron un anuncio sobre condones de sabores.

Mi tía, que pelaba una pera, miró la televisión con desdén:

- Que tontería, ¡ni que los condones se comieran!

Mi prima y yo nos miramos incrédulas un momento y tuvimos que contenernos mucho para reprimir una carcajada, a veces no sé si la gente es muy ingenua o simplemente prefiere hacerse la tonta con ciertos temas.

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Investigando a la competencia

Agosto23

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¿Os acordáis de los problemas de cobertura de mi móvil?, pues bien estos días he averiguado que en realidad a mi teléfono no le ocurría nada, la verdad era mucho más evidente y hubiera saltado a la vista de cualquiera, pero mi arrogancia me impedía verla: el chico que no contestaba mis mensajes no es que estuviera sin saldo, es que estaba ocupado con otra.

Sobra decir que aunque lo máximo que aspiraba a tener con él era un rollete de verano la noticia me sentó fatal, ¿qué podía ofrecerle ella que no tuviera yo?, ¿quién demonios era ella y a qué dedicaba el tiempo libre? (bueno esto último ya lo sabía: a acostarse con el tío al que tenía que estar tirándome yo).

A él le volví a ver nada más llegar y por supuesto fue de lo más simpático, incluso mencionó el mensaje de pasada, yo no le di importancia y actué como lo haría con cualquier otro amigo, era sólo una primera toma de contacto y antes de decidirme por una estrategia tenía que conocer a la competencia para saber cómo actuar.

Por fin tras dos infructuosos días de resaca decidí dejarme caer por un bar donde sabía que podía encontrarlos y no porque quisiera verle a él, que para entonces ya me daba igual, sino porque necesitaba saber por qué aunque pasé el Advanced certificate de Cambridge con distinction, me he leído a Homero y a Virgilio y uso una talla 95 de sujetador, soy incapaz de retener a un hombre, y lo peor es que esos hombres al final terminan saliendo con mujeres que no me llegan ni a la suela de los tacones de mis zapatos de Jimmy Choo.

Cuando entré en el bar él estaba allí, aunque no me acerqué a saludar él vino a sentarse en nuestra mesa, reconozco que era muy listo, se notaba que no quería cerrarse ninguna puerta, tras un rato de conversación intrascendente volvió a la barra con sus amigos y yo seguí sentada con el mío, entonces por fin entró ella.

Mi amigo le hizo una seña con la mano y vino directa a nuestra mesa, nos presentó con total naturalidad, yo no la conocía de nada aunque según dijo llevaba los mismos años que yo veraneando por aquí, ella había oído hablar de mí porque teníamos una amiga en común e incluso sabía mi nombre. La observé con detenimiento, era por lo menos diez centímetros más bajita que yo y tres años mayor, hablaba con soltura y sonreía mucho pero aunque era profesora no sabía conjugar el verbo haber, en un descuido soltó un “habían varios” y no pude evitar darle una patada a mi amigo por debajo de la mesa llena de satisfacción. Pero pese a todo reconozco que me cayó bien, parecía simpática, quizá en otras circunstancias hasta podríamos haber sido amigas.

Me despedí de ella y me fui del bar con mi amigo, el otro seguía en la barra, le hice un gesto con la mano en señal de adios, después llegué a mi casa y me metí en la cama con la sensación de que ni había perdido ni había ganado nada. Hoy afronto mi última noche de vacaciones y mañana me vuelvo a casa sin pena, ni gloria, ni príncipe azul, como diría Sabina y lo peor de todo es que no he aprendido ninguna lección, pero supongo que algunas historias no tienen por qué tener moraleja.

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Propiedad privada

Julio28

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Mi amiga Ivy lo ha dejado hace poco con el novio y anda todo el día (o mejor dicho, todas las noches) desbocada en busca de macho que le de candela como dicen en las canciones de reggaeton. Sale de jueves a domingo, va a trabajar de empalmada y se conoce a todos los camareros, go go´s y porteros de los garitos de moda. Supongo que esto no es más que una fase de reafirmación personal para superar el trauma de la ruptura y recuperar la autoestima perdida, aunque también puede ser que haya empezado a cogerle el gustillo a eso de alternar cada noche con uno…

El caso es que el fin de semana pasado en una de sus correrías se encontró con un chico con el que otra de mis amigas anda de tonteo. Sara, que así es como se llama la tercera en discordia, llevaba un tiempo chateando con este chico al que había conocido en una página web de esas en las que la gente entra para ligar, le enseñó su foto a Ivy y ella le reconoció como un antiguo relaciones de una discoteca muy conocida.

Quiso la casualidad que el sábado pasado Ivy y el ex relaciones coincidieran en la noche madrileña, una cosa llevó a la otra y al final el relaciones terminó durmiendo en su cama. Cuando Sara se enteró al día siguiente no puedo evitar echárselo en casa, de una forma sutil, usando la ironía, pero con un trasfondo de mala leche bastante evidente.

Ni corta ni perezosa Ivy le contestó a la defensiva diciendo que si el chico hubiera estado interesado en Sara no se habría acostado con ella y que después de todo no era su novio, así que no tenía porque respetarlo.

A todo esto yo estaba en el medio de la discusión, y aunque entendía que Sara no podía enfadarse con Ivy (después de todo no tenían más que un cibertonteo que seguramente no habría terminado en nada), comprendía que le sentara mal, pues en el fondo se sentía traicionada.

Enfadarse por un hombre, máxime cuando éste no significa nada para ninguna de las partes, es una estupidez, pero perder la confianza en un amigo es algo muy serio, ¿qué hubiérais hecho de estar en el lugar de Ivy?, ¿habríais pasado del polvo para evitar enfadar a un amigo/a?, ¿tenemos derecho de propiedad sobre la gente que nos gusta, aunque aún no tengamos nada con ellos?, ¿y sobre los ex novios/as de los amigos?, ¿son siempre intocables o pasado un tiempo la prohibición de acercarnos prescribe?…

Por el momento Ivy y Sara han hecho las paces, aunque para evitar conflictos Ivy no ha vuelto a quedar con el relaciones y Sara le ha borrado del messenger. Me parece lo más sensato, los amores vienen y van, pero los amigos si son de verdad son para siempre.

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