¿En tu casa o en la mía?

En la que prefieras, pero para dormir cada uno a la suya. Mi vida se rige por dos necesidades tan básicas como fundamentales sin las cuales no puedo funcionar a ningún nivel, una es comer bien, la otra dormir las horas suficientes. Si alguna de las dos me falla mi día se tuerce y se apodera de mí la mala leche.
No tengo problemas para comer, me adapto a cualquier horario y siempre soy partidaria de probar nuevos menús, cuánto más exóticos mejor, pero para dormir necesito mi cama y a ser posible con la única compañía de la almohada.
Esto suele causarme problemas con mis parejas, la mayoría no entienden por qué después de una noche romántica huyo a mi casa despavorida cual Cenicienta, a veces en mitad de la noche. Juro que lo he intentado y que a veces, cuando el chico me ha gustado de verdad, he puesto todo de mi parte para tratar conciliar el sueño entres las sábanas ajenas.
Según el tópico, después del sexo, a las mujeres nos encanta seguir abrazadas recibiendo mimos y carantoñas, a mí también me gusta, como a la que más, pero cuando de lo que se trata es de dormir a nadie le hace gracia estar inmovilizado por un brazo, chocarse contra otro cuerpo al girar o verse desplazado al borde de la cama en mitad de la noche.
Por no hablar de los ronquidos, que esa es otra, a veces hasta el efebo más angelical ronca como un camionero, sobre todo si antes se ha tomado un par de copas y la verdad, para escuchar la Cabalgata de las Walkirias prefiero a Wagner, antes que una burda reproducción a base de sonidos guturales.
El problema surge cuando es en mi cama donde está el invitado y echarlo resulta descortés, recuerdo que uno (que ya conocía mi gusto por dormitar en soledad) me pidió por favor que le dejara quedarse porque a esas horas ya no pasaba ningún metro, así que me tocó sacrificar mis horas de sueño y al día siguiente, que para colmo era mi cumpleaños, estaba tan echa polvo que apenas lo pude celebrar.
Pero ya tengo aprendida la lección y ahora siempre lo dejo claro: si no tienes forma de volver a tu casa, mejor piénsatelo antes de venir, y yo misma me aplico el cuento aparcando cerca la carroza, y es que la noche se inventó para pasarla en los brazos de Morfeo.







