Encuentros y desencuentros
Sólo se puede perder lo que alguna vez ha sido tuyo, así que supongo que en el sentido literal del término nunca perdí a aquel chico porque nunca lo tuve. Lo nuestro (como casi todo lo mío) no pasó de una relación intensa, pasional y efímera.
Nos conocimos algún tiempo atrás, cuando él estaba saliendo con una de mis amigas. Lo suyo no duró mucho pero sí lo suficiente para notar que entre él y yo había una tensión insoportable que sólo pude reprimir por la amistad que me unía a su novia, reconozco que cuando rompieron me sentí muy aliviada, me quedé junto a mi amiga y no le volví a ver más.
O eso creía, hasta que un año después nos volvimos a cruzar en una fiesta, el azar tiene esas cosas caprichosas, a medianoche compartíamos besos en un taxi camino a su casa. No voy a decir que fue como lo había imaginado, porque las primeras veces nunca lo son, por más que las idealicemos, fue raro y pensé que no pasaría de un encuentro aislado, de una noche loca después de una fiesta, pero volvimos a quedar, siempre con la misma extraña sensación de estar haciendo algo prohibido, aunque ninguno de los dos hablara del tema.
Supe que me gustaba de verdad el día que me puso una excusa para no quedar conmigo y a mi me dolió, no pude evitar preguntarme por qué pudo enamorarse de mi amiga pero no de mí. Pese a todo no insistí más, nunca lo hago, con el tiempo he aprendido que no puedes obligar a alguien a quererte, por mucho empeño que le pongas.
Desapareció de mi vida de la misma forma inesperada y fortuita en la que había llegado, no se lo conté a mi amiga, aunque supongo que a esas alturas ya le habría dado igual (tenía nuevo novio) y no le volví a ver, hasta ayer que de nuevo el azar quiso que le encontrara en ese pozo sin fondo en el que convergen todos los amigos del pasado que es Facebook.
Tuve la tentación de mandarle un mensaje, de preguntarle cómo le iba, de cotillear en su album de fotos, de indagar entre sus contactos para ver si estaba con alguien o seguía solo, pero no lo hice, ahora sé que no valía la pena pero en su momento pensé que sí y me habría costado mucho aceptar la idea de haberle perdido.









